Buscando canciones, sensaciones pasadas, sorpresas que me espanten, escarbando en surcos musicales, arañando hojas donde encontrar volcanes que me invadan, hechizado como cuando desde crío supe que la música siempre me acompañaría....

lunes, 23 de enero de 2017

FOETUS. "Love" (2005)


J.G. Thirlwell, músico inquieto australiano, es el personaje que se esconde tras la máscara de Foetus. En su haber toda una carrera de electrónica caótica, de sonidos industriales y de proclamas atemporales. Foetus es su monstruo favorito, una forma de expresión repleta de sustos y galimatías.

"Love", fue su octavo disco, un disco barroco, sinfónico, industrial, plagado de suspiros que estrangulan ("Not Adam"), de canciones de puerto embarrado de noticias de tragedía y exceso ("Mon agonie douce", en francés), o como en "Aladdin reverse", parece una versión de terror, metálica, de Mike Patton, y de cualquiera de sus proyectos.

En "Miracle", se deja llevar por la música electrónica, por los sintetizadores  y en "Don't want we anymore", y en "Blessed evening" compone una particula banda sonora para algún desquiziado film repleto de perversión lúbrica. "Paredolia" es enigmática, sangrante, un gran espasmo de locura que cohabita en un tiempo de crimenes y horrores de escarnio.

Aparte de Foetus, Thirlwell ha estado implicado en vesanías del calibre de Stetroid Maximus, Wiseblood o Manorexia, solo por citar algunos de sus desasjutes músicos mentales, pero es en Foetus en donde ha dedicado la mayor parte de su persistencia como afilador de cuchillos sónicos.

Mi preferida, "Time marches on" es una pasada orquestal que da paso al fin del disco con "How to vibrate" y su parafernalia de suspense. Algo así como música para volver a poner música a "El resplandor" o a "Los pájaros" de Hitchock.Foetus un paseo por la angustia del rock.


viernes, 20 de enero de 2017

ANARI. "Zebra" (2005)


Como se nota cuando escuchas este enorme trabajo de Anari, que en la producción esta Karlos Osinaga de Lisabo.  Desde que suena "Aingura hegodunak", con ese dramatismo eléctrico, con esa tensión lírica que forma un continente de aristas y sentimientos, se percibe que la crudeza se empareja con el sentir, y qué mejor para Anari que el acompañamiento del ex-Lisabo.

Cinco años habían pasado desde que "Habiak" me había puesto sobre la pista de esa cantante a la que ya cansa compararla un día y otro también con Pj Harvey. "Zebra" es un disco redondo donde hasta el piano tiene sitio entre el enjambre devastador, como en "Naufragoak".

Siempre me aluzinó como lleva los medio tiempos la compositora de Azcoitia. "Sustraiak" es brillante, un torrente de corazones a la espera del latido definitivo, ese que hace explotar miradas y susurros. La que titula  el cd, es otro pedazo de gema candente, soberbia, aristas que se pulen, cadencias que te llevan, y un punto de energía que sobrecoge y calienta.

También "Zebra" tiene sitio para himnos con poso demoledor, como "(H)egoak" y para letanías para dolores del alma, rosas salpicadas de motas de emoción, luz infinita, cavar y cavar en la profundidad, hollando recuerdos, aspirando al olvido solo cuando te acuerdas.

Para terminar, la mejor del lote. "Gu", descargando truenos, aspirando vientos, una molécula activa en acción perpetua de sedicción, Después del shock que supuso "Zure aurrekari penalak", volver la vista atrás y disfrutar de este "Zebra", es un medicamento seguro contra estos fríos siberianos que nos congelan el ser.


martes, 17 de enero de 2017

METÁ METÁ. "MM3" (2016)


Este fue uno de los regalos que los reyes me dejaron en el regazo de mis oídos. Un artefacto repleto de nitroglicerina, de ritmos, de jazz punk, desde las calles de Sao Paolo. Formado por Juçara Marçal ,l Kiko Dinucci, Thiago França, Marcelo Cabral y Sergio Machado, en este su tercer largo han confeccionado uno de los cócteles más explosivos que puedas echarte a la cara de tus neuronas.

Cantando integramente en portugués, desde que suena la amenazante "Tres amigos", con ese saxo que parece un bastardo de Morphine, Meta Meta te engulle, te presiona, ejecutando una danza de mil demonios, donde la voz de Juçara se eleva en este quinteto que hace del jazz punk una gema perdida en el macromosmo de mil favelas.

Meta Meta imperesionan, desbordan, reptan con sus goznes y sus cadenas por las calles ansiosas de revolución, Pedazo de inicio que tiene "Angouleme", el saxo y las guitarras de pogo mientras el ritmo me sigue provocando una subida de volumen más, y van.... Catarsis y locura, expresión libre de unas sonoridades que manejan a su antojo unos músicos que parecen que están en un continuo éxtasis.

Parece que viene esa calma chica que anticipa la tormenta más feroz con "Imagem do amor", vahído y mixtura, pastel de hiel, club de noches aciagas o la necesidad de reinventar de nuevo el jazz. De esas veces que la crítica de un disco se ve acuciada por la necesidad de buscar palabras, expresiones para poder describir este auténtico misal negro de anarquía y demolición.

En "Mano légua" conforman una especie de volcán donde la electricidad se da la mano con los aires más free, y el candomblé repica desde un bestial paroxismo que para el que escribe es lo que hace falta a la adocenada música de estos tiempos. Metá Metá es una concatenación de urgencias impresas en una necesidad vital de gritar denuncia utilizando la rabia, la desmesura, el zarpazo de una aire huracanado que desborda, que fleta pasquines con los puños en alto, con las llamas listas para el necesario fuego depurador.

"Corpo vão" es una sierra, es jazz que se pone un imperdible en la garganta y gime angustia en un geiser punk que te quema las sienes. "Toque certeiro", es la más brasileira del lote; carnaval que mira a África, que invita al baile o a una patada en la cara a todos los estropicios que provoca la pobreza, las desigualdades, la hambruna.

Para terminar, la más larga del disco, "Obá Kosõ", nueve minutos de experimentación, un torrente sanguÍneo donde el saxo hace una perorata de su soledad hasta que encuentra a la banda, y juntos realizar un temible tour de force donde culminan el soberbio octanaje que respira cada segundo de disco.

Un disco para seguir escuchando sin parar en el 2016. Difícil encontrar tanto arte, tantas posibilidades, tanta innovación, en esta actualidad que tanto adolece de sorpresas. Ojo al clip.


domingo, 15 de enero de 2017

HRSTA. "Ghosts will come and kiss our eyes" (2007)


Este fue el tercer disco de esta banda de Montreal, nacida al albur de la comuna que se desarrolló alrededor del grupo Godspeed you black emperor! y sus miembros. En Hrsta, con músicos del colectivo principal, tenían las cosas muy claras desde sus primeros pasos.

Así lo dejan claro en sus dos primeros largos, y en el inicio del disco, con "Beau village" donde se nutren de un desarrollo instrumental que nace de la experimentación y el post rock, como hippies arraigados rodeando una fogata mientras proclaman vísceras y exputos contra el sistema atenazante.

"The orchard" es una geiser de tranquilidad, es un mar de hidrógeno de suavidad, que vive entre sombras, folk apaciguador, tensión siempre sometida al capricho de un sinfonismo de las cosas cotidianas. Todo el disco es un volcán en coma, un batallón de cirros que se desplazan por el cielo buscando sacudidas nerviosas de agua.

Escucho "Hechicero del bosque" con sus ocho minutos largos,  la que más se aproxima a todas las banda del sello Constellation, casi todas cortadas por el mismo patrón. Ahora, ya paso su hora, pero en su día eran como el radar donde se emanaba las corrientes más fructíferas del post rock de la época.

La enigmática "Saturn of Chagrin" da paso casi al final del cd a la extraña "Kotori", marca de la casa, donde la banda sigue a lo suyo, entre humo, vapor y sofismas, en busca de la épica perfecta, con cromatismo de color absorvente para dejarnos seducir por esta expansión tan personal de los sueños y las pesadillas.



jueves, 12 de enero de 2017

ALCEST. "ÉCAILLES DE LUNE" (2010)


"Écailles de lune" fue el magnífico segundo disco de esta banda francesa, que navega entre el shoegazing y el post metal sin rubores, con una buena dosis de intensidad en sus canciones que van desde lo frágil al aullido de la desesperación.

"Écailles de lune Pt.1", la primera canción, es la mejor manera de comenzar éste épico recorrido por un mundo de leyendas, de magia que siempre es negra, de oscuridad que se aclara con un beso, con la sensación dolorida de una perdida siempre por venir. "Écailles de lune pt. 2", sigue la senda, con una variada instrumentación y una buena andanada de registros que hacen que los galos se muevan a la perfección por torrentes de calma y lágrimas de ilusión.

En "Percées de lumière" consiguen hacer un hit guitarras que espumean hidrógeno, esta vez cercanos al post metal, con la voz desgarrada entre un laberinto de labios que espantan voluntades. Mi preferida es "Solar song", puro shoegazing, electricidad planeadora, coros que envuelven, y énfasis en una corriente circular de medios tiempos que funcionan y emocionan.

Dejan para el final "Sur l'océan couleur de fer", suave, tranquila, para poner el epílogo a un disco que rebosa extenuación y belleza. Buena banda la de los francesas Alcest, para los que al cerrar los ojos imaginamos motines de libros y aires de infiernos.


martes, 10 de enero de 2017

PREOCCUPATIONS. "Preoccupations" (2016)


Antes de Preoccupations, estos canadienses de Calgary se hacían llamar Viet Cong, y en estas nueve canciones nos ofrecen una buena andanada de post punk, para no olvidar de donde vienen. Ahora que Interpol parece que se han desvanecido creativamente, Preoccupations nos regala una buena cosecha de semillas negras para que no perdamos la oportunidad de gozar con los nubarrones aciagos.

"Anxiety" es la primera píldora que antecede a "Monotony", un buque fantasma a la deriva con reflexiones post-Joy Division, con los teclados en su sitio y la voz de Matt Flegel, en consonancia con este artefacto declamatorio de siniestros percances.

Se animan en "Zodiac", se mueven y no se quedan quietos con la mirada en un espejo de los 80, confabulados por la rítmica de la negritud, de las miradas torcidas. La mejor track del disco la encontramos en los once minutos de "Memory", largo recorrido de estratagemas, trucos, sombras al sol que menos quema, turbación y lágrimas opacas.

A los que disfrutamos con el recuerdo de Killing Joke, Joy Division, Magazine y demás ordas de petulantes soldadores de experimentos de noche, este disco es una delicia. Recorre por sus entrañas, como en "Degraded", una atmósfera malsana pero sin pasarse.

Aquí las guitarras no tienen excesivo protagonismo, es el todo en general lo que forma parte de un buen ramillete de épicos himnos que cabalgan a lomos de lo visceral. "Stimulation", parece un sello reluciente de estampa fenecida y "Fever" es una tertulia de espectros a la luz de algún funeral pasado de moda.

Preoccupations es una buena banda, un escozor que vive entre noctámbulismo y expresiones de otros tiempos lejanos. Le pondremos junto a The Cure y otros socios de telarañas y órganos radiadores de malas penas.


domingo, 8 de enero de 2017

CALIFONE. "Roots & crowns" (2006)


No hace mucho la revista de música independiente que todos leemos dedicaba unas páginas a recuperar del olvido a este enorme e inclasificable banda liderada por Tim Rulli. Antes de formar Califone ya nos tuvo en vilo con sus interesantes Red Red Meat, pero es con este proyecto cuando cuajó a fondo su forma tan mistérica de ver la música.

Este lp contiene una canción, "Spider house", que cuando la oigas no vas a parar de poner, de radiar en ti mismo, un buen puñado de razones mediante la hipnosis personal de seducirte con esa mezcla de pop, barroquismo, suavidad y olas de esas que no sabes muy bien de donde cojones vienen.

Todo cabe en Califone. La experimentación, el folk de terciopelo, el ansia de la transgresión, las migrañas del buen aullido. Empezaron a último de los 90 y en el 2016 ya finiquitado sacaron un ep para que sepamos que no debemos de olvidarles.

"Sundays noises" es un aperitivo frío y "A chinese actor" es una frenética batidora que porque no recuerda algo a sus paisanos de ciudad Tortoise. Se ponen lentos en "Our kitten sees ghosts" para en "The orchids" volver con un hit de esos raros, melódico pero atravesado por una buen ramaje instrumental.

En "Burned by the christians", tiran por la música tradicional americana, para en "Black market valentine" sumergirnos de nuevo en una ánfora de ruidos, ensalada de intenciones, tobogán de esparcimiento. Así son Califone. Lo suyo es la inconcreción, la seda áspera, los galimatías que acaban por convertirse en gemas candorosas ("Rose petal ear").

Rulli y su voz y sus chicos tranquilos que maquillan sus intenciones con mimo y travesura, como en "3 legged animals" y su vahído de club nocturno abandonado a la deriva. Escuches el disco que escuches, Califone no fallará. Una extraña banda de tahures de estílos listos siempre para llevarse la razón.